martes, 9 de agosto de 2016

AL LLEGAR LA REPARTIJA

Al llegar la repartija
todos se ponen de acuerdo,
pues no hay político lerdo
cuando tiene la manija.
Mario Alessandrini

Intendentes, concejales,
diputados, senadores
junto a los gobernadores
determinan sus jornales.
Y para colmo de males
parece ser cosa fija
cual rastrera sabandija
cuando levantan la mano,
se olvidan del soberano
al llegar la repartija.

Se debate en las sesiones
y al consenso nunca llegan
en sus discursos despliegan
ficticias confrontaciones.
Y al ver estas discusiones
el asombro no lo pierdo
porque con bronca recuerdo
a nuestros parlamentarios,
que al aumentar sus salarios
todos se ponen de acuerdo.

Deseo con gran fervor
que desarraigo no cobren
y los viajes que les sobren
¡los devuelvan por favor!
Pero es grande el sinsabor
cuando los veo y me acuerdo
que osando van como un cerdo
buscando que más robar
y sus bolsillos llenar
pues no hay político lerdo

Y esta es la fauna señores
que deambula en el Congreso
son políticos de peso
y consumados actores.
Eximios fabuladores
no existe ley que los rija
y si agarran la valija
lo que quieren es llenarla
nunca piensan en largarla
cuando tiene la manija.

Versos de Javier Origlia

jueves, 4 de agosto de 2016

PICO BLANCO

¡Mi colorao pico blanco!
quién me diera hoy a tener,
los encuentros a lo toro
y su talle de mujer.

El cuadril como de cera
del lao de montar tenía,
yo siempre fui medio lerdo
¿quién sabe por qué  sería?

Más de una vieja con hijas
al verlo ronciarle el rancho,
santiguándose decía
que era cruzao con  carancho.

Por la bizarra insolencias
conque sus clines flameaban,
las viejas lo maldecían,
las mozas los amalhayaban.

Nunca sabía faltarle
en sus andanzas puebleras
un piropo en la coscoja
pa’ la gente de polleras.

Como no tuve tropilla
él nunca tuvo madrina.
Le iba igual cualesquier yegua
como a mi cualesquier china.

Después que el primer ponchazo
volaba al candil la luz,
más de una moza del pago
despertó sobre su cruz.

Mi colorao pico blanco
sabrá el cielo cuanta cuita,
alumbró la pontezuela
como una luna chiquita.

Versos de Lauro Viana

Versión publicada por Gaspar Astarita en “Abel Fleury”, dice: “Estos versos fueron dedicados a la sra. María Teresa Ortíz de Carlomango, en Mar del Plata, en el año 1957, poco antes de morir Abel Fleury. Estaban destinados a la milonga de éste título, pero nunca se incorporaron a la composición musical”.

miércoles, 27 de julio de 2016

CARRERO

1
Muere la tarde sombría
entre cantos y chistidos
y va el sol descolorido
a hundirse en la lejanía;
alguna nube volvía
su rostro de inmenso velo
mostrando formas al suelo
de diferentes maneras
como inmensa calavera
sobre la esfera del cielo.
2
Sobre el nido terminao
un zorzal su canto arrulla
y la corriente masculla
los peñascos deformao’;
el viento en el alambrao
cuelga su canto aburrido
y en los huecos carcomido’
besa los troncos llorando
y se entretiene jugando
con los pedazos de un nido.
3
Entre las inmensas grietas
de los zanjones dormido’
cuelga su triste gemido
el eje de una carreta;
entre las ruedas inquietas
juega el polvo levantao,
el cascabel apurao
describe mil notas  raras
al galopar las tacuaras
en los lomos encorvao’.
4
Como una pupila ciega,
inmensa y desorbitada,
el ojo de la picada
está observando al que llega;
el cansancio que doblega
se nota en las colas quietas
colgadas en líneas retas
como pesadas serpientes
que se mueven lentamente
al traquetear la carreta.
5
Ha desunido el carrero
pa’ pastorear la boyada
y la tacuara cansada
se acuesta en los candeleros;
circundando el trazoguero
arde lenta la madera,
en el medio la caldera,
y aquel fogón encendido
parece un poncho tendido
con la bayeta pa’fuera.
6
Ambula el humo aburrido
envolviendo la carreta
que parece la silueta
de un cacique mal herido,
y como soldao vencido
con el pecho al descubierto
los yugos forman concierto
de cruces, que al cielo miran,
y las coyundas se estiran
como relámpagos muertos.
7
Cuando los vientos cansao’
regresaron al lugar
solo hallaron el lunar
de aquel fogón apagao;
yacía el pasto machucao
en posición indefensa,
interrogación intensa
muestra la muerta madera
y al agua de la caldera
como una lágrima inmensa.
8
Carrero, cuando imagino
me parece que te veo
en el negro ziszagueo
del polvoriento camino;
sos abnegao peregrino
sin derecho ni querencia,
pedazo de independencia
que has pagao tu audacia cara
porque hoy solo es tu tacuara
un relámpago de ausencia.

Versos de Nieves Cabrera

                    (uruguayo)

sábado, 23 de julio de 2016

VISITAS

En marzo de 2010 me iniciaba publicando y administrando dos blogs (hoy son 5), y a la fecha han transcurrido 76 meses. En realidad el tema de internet me supera y me sorprende, y a lo muy poco que puedo usar por desconocimiento, trato de sacarle el provecho necesario para difundir lo que tenga que ver con nuestra cultura gaucha, fundamentalmente, a partir de la literatura, que podría decir -hoy por hoy- es mi campo.
El contador arroja que desde el inicio a hoy, hubo 323.000 visitas, lo que significa un promedio por mes de 4262, y llevado al día a día, 142 visitas diarias, lo que para mi, sinceramente es un número muy importante.
Gracias a todos los que llegan con la intención de encontrar o leer un verso, o recabar datos de alguna persona.
La Plata, 23/07/2016

Carlos Raúl Risso

lunes, 27 de junio de 2016

EL BAUTISMO

Le dibujó cicatrices
con sus rodajas de guapo
en cadena de mudanzas
que eran más bien, un milagro.
Pachamama agradecida
le rigalaba a puñados
curioso festeón de polvo
pa’l chiripá del paisano.
Y él siguió, macho de origen,
igual que potro orejano
anudando valentías
a filo de punta y taco.
Hasta que un día, el criollaje,
luego de sentirlo hermano,
se le ocurrió que era hora
y decidió cristianarlo.
Pa’l bautismo, la madrina
le puso un collar de pájaros
y a sus espaldas de pampa
la luna le dio un tul blanco.
La madre, una vieja caja
con el parche remendado
charlaba con Don ombú
que era el padrino pa’l caso.

Y dejó de ser sin nombre;
rezó el alero del rancho,
y a los cuatro rumbos criollos
nació a la vida… el Malambo.


Versos de Tito Martella

viernes, 10 de junio de 2016

TALA VIEJO

Quién sabe qué edad tendrías
cuando te vieron mis viejos.
Le injertaron a tu sombra,
un rancho de dos aleros.
Cierro los ojos y estás
en esas noches de invierno,
agachado sobre el rancho
cobijándolo del viento.
En tus ramas hizo nido
la alegría de mis juegos
cuando descalzo en verano,
gasta mis años nuevos.
Y cuando el campo, mis pies
quemaba con solo de enero,
me esperabas con tu sombra
deshilachada en el suelo.
Tala viejo de mi rancho,
no voy a dejar ni muerto.
que cualquier fogón de pobre
quiera ser tu cementerio.
Porque en cada gajo tuyo,
corre sangre de mis sueños
y el que quiera hincarte el hacha,
me está arañando por dentro.
Porque te regué con llanto,
después que a mis pobre viejos,
los dejé en el campo santo,
cuando los llamó el supremo.
Porque en vos muere la ausencia,
de los que quise y se fueron
cuando sacuden tus ramas
tus recuerdos polvorientos.

Tala viejo de mi rancho,
no voy a dejar ni muerto
que cualquier fogón de pobre
quiera ser tu cementerio.


Versos de Artigas Buela Gaona

domingo, 29 de mayo de 2016

LA GENTE CON SU ESPERANZA

El canto no es solamente
fervor que se determina.
Es también sed que se inclina
por beber en la corriente.
Es pétalo combatiente
y es peñascal de oración;
ascua de sangre, pasión
que hundiéndose en cada cosa
desentierra una dichosa
noticia de corazón.

Cuando el verano arrodilla
la audacia de los maizales
y agobia de pedernales
el orden de la gramilla;
cuando una boca amarilla
se traga la sementera,
lo que hace al campo una hoguera
y a la tierra resquebraja
no es el agua que no baja
sino la gente que espera.

Si la troje manifiesta
su preñez, si el huerto ofrece
la euforia que lo abastece
de sombra y frutos en fiesta;
si en una parva recuesta
la alfalfa su resplandor
puedo agrupar el calor
de una sonrisa cansada
y palpar con la mirada
la cicatriz del sudor.

El vendaval que se lleva
los árboles a la muerte,
la mano helada que vierte
su sal en la siembra nueva,
la espiga que se subleva
y el surco que se demora
se pierden en la agresora
vehemencia de los abrojos
para encontrarse en los ojos
de la esperanza que llora.

Paren las vacas, relata
la tierra su alumbramiento;
y aunque un hachazo sediento
crezca en su negra fogata
hay un sonido escarlata
y hay un olor a vivir…
que si el nacer y el morir
son tiempos en el camino,
las ansias del campesino
piensan tiempos de reír.

El canto puede ilustrar
con sus alondras de fuego
los ámbitos del sosiego
y el sobresalto del mar.
Puede reunir y hospedar
el trueno con la azucena;
pero si en él no resuena
la gente con su esperanza,
sus rosas en alabanza
tendrán estambres de arena.

Versos de Guillermo Etchebehere