jueves, 14 de diciembre de 2017

A DON ALFONSO

De bombachas batarazas,
corralera y manta fina,;
está don Alfonso Hidalgo
abuelo gaucho de Pila;
despertando los recuerdos
con el malón de una cifra,
o enlazando en un estilo
cardal, potro y cinacinas;
porque es como un jagüel gaucho
Alfonso Hidalgo, de Pila.

A las madrugadas fieras
él le dice que son lindas
porque el calor de un amargo
hasta la sangre le entibia.
Ya después, cuando el sol presta
su polén de fuerza al día,
como ese hornero cantor
que amor y pena vibra,
cuelga su primera copla
en las alas de la brisa.

Algunos pierden las fuerzas,
él las convierte en baquía;
porque al salir recorriendo,
si se ha muerto una vaquilla,
si hay un alambre cortado
o se atrancó una bebida,
le sobra para saberlo
con solo extender la vista.
Porque es como un jagüel gaucho
Alfonso Hidalgo, de Pila.

Y ansina vive trenzando
lazos de sueño y fatiga,
con su guitarra en la noche,
con su trabajo en el día.
bajo un patrón que no sabe
que al galopar viento arriba,
donde pisa su caballo
reverdece la gramilla.
Porque es como un jagüel gaucho
Alfonso Hidalgo, de Pila.


Versos de Juan Villarreal

lunes, 11 de diciembre de 2017

LA CADENA

Con distintos eslabones
o argoyas en cada punta
te vi en los tiros en yunta
y forrada en ocasiones.
Atada a los balanzones
juiste cuarta del arao
y material apropiao
pa’ juntar los dos yugüiyos,
y te usaron en los griyos
a los pies de un castigao.

Pa’ tener un perro atao
y pa’ cerrar la tranquera
o de vaya, ni que fuera
preservando el otro lao.
De retranca la han usao
en carros, y de manea,
y aunque muy crioyo no sea
me sirvió de boliadoras,
cuando ideas malechoras
en sus juegos uno emplea.

Pa’ cuartiar a un encajao
o que no mame’l ternero,
la barbada del apero
y en palancas del arao.
Al colgar un alumbrao
en un techo se la ve
a más, yo recuerdo que
en los distintos jagüeles,
ella cumplió dos papeles
que al seguir, esplicaré.

Pa’ sacar el agua a mano
pa’l consumo de la gente
la interminable vertiente
subía en baldes al yano.
Y el bicho más orejano
también se ayegó al jagüel
donde’l pingo manso aquel
y el boyero cumplidor,
yenaban el volcador
y con la cadena fiel.

La vi de’slabón cuadrao
en herramientas rurales
y ayudó a las tropas liales
en “la Güelta de Obligao”.
Pa’ estirar un alambrao
se la ve’n un aparato
y en su hechura tiene un trato
especial, la retorcida,
y en tris tiras estendidas
se vio en balanza de plato.

Rebordiando un monumento
o hermosiando algún yavero,
la retranca del sombrero
y en pulseras del momento.
En un camino barriento
de pantaneras, se ha usao,
pa’ un colgante regalao
o pa’l antiguo reló,
pero hoy la declaro yo:
¡la gran novia del candao!

Versos de Agustín López

sábado, 9 de diciembre de 2017

HERRERÍA CRIOLLA

Antiguo galpón de chapa
que entre una añosa arboleda
está rodiao por las rueda’
que buena parte te tapa;
el óxido, con su capa
también te quiere cubrir,
pero guapo a resistir
los rigores del invierno
le haces pata’ncha al moderno
que te quiere sustituir.

Adentro de ese galpón
a un costao, está la fragua,
la clásica tina de agua
y la batea pa’l carbón,
el fuelle, inmenso pulmón
revive las muertas brasas,
la bigornia con la masa
pa’ moldear el fierro ardiente
y pa’agarrarlo caliente
al efecto, una tenaza.

Allí trabaja Don Juan,
herrero de profesión,
y en busca de solución
por algún trabajo van,
al hombre lo encontrarán
porque es materia dispuesta
a la mañana, a la siesta,
no le incomoda el horario,
de espíritu voluntario
siempre a un auxilio se presta.

El buje de un carretón
con largo mango de acacio
también ocupa un espacio
ya convertido en pisón,
herramientas a montón
encontrará las que quiera:
llaves, martillos, tijeras,
guadañas, palas, asadas,
todas bien acomodadas
como en taller de primera.

Adorna el patio campero
un arao con varias rejas
y un par de tranqueras viejas
sobre unos tarros lecheros;
hay cuatro o cinco esquineros
que dejó el alambrador
y cerquita de un tambor,
recostada en una planta,
descansa una antigua llanta
de muy delgao espesor.

Se ve un sulki en una orilla
con una vara quebrada,
que pronto será arreglada
porque es tarea sencilla,
entre opaca y amarilla
se alcanza a ver entuavía
una iscrición que decía,
con letra de gran ribete
arriba en el mojinete
el nombre de la herrería.


Versos de Luis Balbo

viernes, 8 de diciembre de 2017

ALAMBRE 'E FARDO

Alambre’e fardo que fuiste
el tornillo chacarero,
dentraste en cualquier aujero
y siempre a mano estuviste.
Por la huella te perdiste
como se fue la arpillera,
te tapo la polvadera
que echó el progreso a su paso
y hoy no se halla ni un pedazo
pa’una atadura cualquiera.

El “naylon” te ha superao,
hoy ya no se usa el alambre,
si hasta parece un matambre
todito el pasto arrollao.
Ya no se te ve colgao
en el gancho del galpón.
Salvaste la situación
aliviando algunas penas
y pa’ unir a dos cadenas
te pusieron de eslabón.

Juiste “tiento” en el apero
de una costura apurada
y ataste la empalizada
pa’l zarzo del gallinero;
también te usaba el pueblero
para más de una labor,
y te derritió al calor
-si me acuerdo ¡la gran siete!-
la lengua de aquel soplete
en manos del soldador.

A veces te colocaron
como manija pa’un tarro
y en el tractor y en el carro
pa’ emergencias te llevaron.
Los niños te utilizaron
de “arito” pa’ la burbuja;
el linye te usó de auja
costuriando una alpargata
y en te hicieron plata
cuando cayó algún “ciruja”.

En el perno’e la volqueta,
al cáirse la titular,
vos la fuiste a reemplazar
ya convertida en chaveta.
Fuiste suncho que asujeta
en esas jaulas quinteras,
y también de abrazadera
te supieron colocar
cuando hubo que prolongar
los metros de una manguera.

Tan solo quise nombrar
de’ste alambre, algunos usos,
quizás parezca inconcluso,
mucho me faltó apuntar,
y al volverlo a recordar
se me alegró el lao izquierdo.
Y como nunca fui lerdo
una hebra supe guardar
y hoy la voy a utilizar
pa’ colgar estos recuerdos.


Versos de Luis Balbo

jueves, 12 de octubre de 2017

MILONGA

Yo no sé si sé cantar,
pero tengo voz y lengua;
alma gaucha pa’ sentir
el cariño de mi Tierra,
y ha de sonar mi guitarra
ande suene cualisquiera.

No tiene cintas colgando,
porque divisas no lleva,
pero, escondida en un sitio
que lo sabemos yo y ella,
una que no se me olvida,
porque es la de mi bandera!

Si es ocasión de cantar
por motivo de mi Tierra,
naides se extrañe si siente
que mi guitarra se queja:
es que pensando en la cinta
la abrazo con mucha juerza!

Pero, no serán lamentos
que broten de mi vigüela;
ni el tono provocativo;
ni mi palabra altanera:
porque el gaucho no es el hombre
que en malas pinturas muestran.

Quizás mi voz se levante
sin que yo mesmo lo alvierta,
pero, al cantar de la Patria
la sangre se nos calienta
y ese calor del cariño
nos sube hasta las ideas.

No se alarmen los prudentes,
que no vengo en son de guerra;
con querer mucho lo mío,
a naides hago una ofensa
y es nuestra ley respetar
a tuito el que nos rispeta.

“Lo que tengo que decir”
es pa’ que tuitos lo entiendan,
y si entre criollos y gringos,
hago cabal diferencia
denguno pierde ni gana
si con lo suyo se queda.

Venga el extranjero amigo
y acomódese en la rueda;
mesmo aunque no sepa el habla
se le ha de entender por señas
y tuito le han de brindar,
sin que pague, y sin que deba.

Mejor los que tráin bien limpios
el bolsillo y la concencia,
que áhura está la tierra gorda
con sangre española y nuestra,
y paga en puñaos de oro
el trabajo de una siembra.

Pero, no vengan manadas
de tuitas razas y lenguas
que, aunque semos parecidos,
“el parecido es por juera”
y hay los de color clarito
que tienen l’alma muy negra!

Los hay de nariz ganchuda
como las aves de presa;
los que cobran una vida
por dos pesos de una cuenta
y hasta que venden las hijas
si les dan algo por ellas!

Vengan los hombres honráos
y hagan su nido ande quiera:
no tienen más enemigo
que doña Naturaleza:
naides cortará su rama
¡ni habrá cimbras en su senda!

Denguno que sea de ley,
ha de olvidar su querencia:
uno es hijo de quien nace;
se nace solo una güelta;
la Patria es como una madre,
y es el hombre quien la niega!

Tranquilos vengan y acampen,
y pa’ que todos las vean
saquen sus banderas gringas
cada vez que estén de fiesta,
que en cuanto les dea un vientito
se han de abrazar con la nuestra!

Pero, no se me confundan
porque oigan ciertas zonceras,
y les dé por figurarse
que semos tuitos, hacienda;
y hacienda de mala clase,
pa’ cruzar con sangre güeña!

No se trata de poblar
campo, con vacas y yeguas;
de refinar animales
de pelo, de pluma y cerda:
se trata de hombres -señores-
no es de números la cuanta!

Un pueblo, no es un negocio
pa’ hacerle sumas y restas:
vale, por su condición,
su conducta, su nobleza;
la bondá de sus virtudes,
la calidá de sus priendas!

De esto, no se necesita
en dengún Pueblo de América;
que riciencitos, nomás,
andábamos con cadenas,
y entuavía están las lanzas
con la sangre cuasi fresca!

¿Semos pocos…! Dimasiáo
hemos quedao, a la cuenta,
si en un incendio tan grande,
no se ardió tuita la leña…
y sobre fuego y cenizas,
las Patrias quedaron hechas!

Áhura, son novelerías
y mareos de grandezas,
y con tal de ser muchísimos,
que venga gente de ajuera!...
como si, poblando extraños,
la Patria juese la mesma!...

Como no tienen razones
pa’ explicarnos sus ideas,
nos fabrican a los criollos
con sangre de cualquier mezcla,
y, si no salen iguales,
aquí, “el sol los empareja!”…

Sabido que, el mesmo Sol
alumbra tuita la Tierra
y en deng´pun sitio se ha dao
el milagro que se espera:
no es de creer que, sangre Rusa,
risulte criolla en América!...

Venga el progreso con alas
que, tuito bien se aprecea;
venga lo que afina l’alma
y aviva la inteligencia;
lo que haga mejor la vida,
cortando mal y miserias…

Pa’ eso, no se necesitan
invasiones extranjeras:
con sosiego y voluntá
lograrán lo que apetezcan,
pueblos que, en piores hazañas
probaron, lo que les suebra!...

Ansina quiero a mi Patria
y a toditas las de América:
con esa marca española
que es marca pa’ quien la lleva,
y eso de gaucho en el alma,
y eso de indio, en las venas!...

Y que vengan los naciones
y que acampen ande quiera;
saquen sus banderas gringas
cada vez que haiga una fiesta;
pero, eso sí, compañeros:
la del páis a la derecha!


Versos de Romildo Risso

miércoles, 11 de octubre de 2017

A GOLPE DE HACHA

A golpe de hacha. Mesmo como un hombre…
Ansina hay que voltearlo!...
Cuando del último empujón se acuesta
ricién se puede ver lo que era… de alto…

Y toditos, irán cayendo al suelo!
Se necesita pa’ otra cosa, el campo…
Tengo encargo’e concluir con todo el monte;
me ordenan no dejar ni un solo árbol!

No crea que no siento alguna pena!
En ocasiones, se me niega el brazo!...
Por fatiga, no es; se me figura
que de perverso estoy haciendo daño!

Y hasta mucho pior, cuando me acuerdo
que por hachar me pagan
esos, que necesitan de su tierra,
pa’ meterle un arao y sacar plata!

Y me pongo a pensar como botija…
y me dentra una lástima!…
si hasta he pensao que soy un asesino;
matando por matar… de mala entraña!

Cuando tengo esa idea,
hasta me quedo sin mover el hacha;
se me sube una juerza hasta los ojos
que me obliga a mirar las copas altas!...

Desde arriba me vengo
bajando con cualquier hoja que caiga,
y cuando cae sobre un montón de leña:
de carne me parecen esas rajas!

Ocasiones me vienen los recuerdos
de un campo de batalla:
y son montones de hombres las astillas
y las carretas son las ambulancias!...

Cañones que tiraron de muy lejos…
de ande se ven las chacras
que se van arrimando, poco a poco,
haciéndose camino con las máquinas…

y los árboles cáen, y el monte juye…
de las trincheras que las rejas cavan,
al brotar las semillas, salen hombres…
y veo las espigas como armas!...

Llevao por una idea,
voy galopeando por mi tierra gáucha…
y sientoi, lejos… relinchar los potros…
corridos por el ruido’e las guadañas…

 Por áhi me paro, como si yo mesmo
anduviese juyendo por mi patria…
Y me dentra una risa!... Y dispacito…
sigo talando monte… a golpe de hacha…
                                                         (abril de 1931)


                                           Versos de Romildo Risso

LA ESTANCIA VIEJA

Eucaliptus, acacios, casuarinas,
junto al arroyo, sauces, y algún tala
donde anida el carancho y la luz mala;
viejos cercos de tuna y cina-cinas.

El palenque redondo, y la cocina
casino y academia de los peones;
junto al corral de ovejas, los galpones
y la casa sombreada de glicinas.

Venciendo soledad y pajonales
aquí te levantaron los abuelos
y el malón sujetaste en esas rejas.

Nido, cuna, relinchos de baguales
Patria, sangre y sudores en tu suelo
y un recuerdo de amor bajo tus rejas.


Versos de Alberto Martín Labiano