jueves, 23 de febrero de 2017

ESTILO

Yo nunca les he contao
lo que les voy a contar.
¿Quién se podrá imaginar
lo que habré esperimentao?
Los trabajos que he pasao
en este mundo ¡canejo!
Yo del mundo no me quejo
porque he sido afortunao
nunca he sido desgraciao
solo agora que soy viejo.

La joventú es lo mejor
si el dinero la acompaña
también la joventú engaña
porque el mundo es un traidor.
Quiero me den la razón
los hombres que tengan años
porque de ellos no es estraño
que den la mejor sentencia,
hoy se queja la esperencia
de un hombre avanzao en años.

Esto quedará de ejemplo
para las mozas y mozos,
el que quiera ser dichoso
aprovéchese del tiempo,
no pierda hora ni momento
que después ha de desearse
y no se deje avanzarse
de los años con el tiempo
que después que llegue
en vano será el quejarse.

Yo me quisiera quejar
pero no puedo quejarme,
yo he conocido mi mal
pero ya ha sido muy tarde.
Yo quisiera reclamarme
en el mundo con despejo;
sin embargo no quejo
ni formo una mala idea
porque no hay cosa más fea
que cuando uno llega a viejo.


Versos de Autor Desconocido

lunes, 13 de febrero de 2017

SUCEDIDO

“Les voy a contar la historia
mejor dicho un sucedido
por eso que a Dios le pido
que me alumbre la memoria”.
Así empezó el Viejo Coria
hablando pausadamente
y se quedó di repente
muy silencioso el fogón
centrándose la’tención
ninguno era indiferente.

“Páseme el porrón cuña’o
pa’ calentar el garguero”
y le mandó al tragadero
un taco muy alarga’o.
El relato era espera’o
y el Viejo zorro sabía
que a todos conmovería
lo que juira’rilatar
y tardaba en arrancar
la historia que prometía.

“Me había toca’o rondar
yo diba con un arreo
cuando di repente veo
de la nadita’somar
una figura sin par
de perro negro grandote
se me hizo un ñudo el gañote
galopiando el corazón
¡porque era un lobizón
el que iba cruzando al trote!

Los vacunos lo olfatiaron
se’mpezó a’remoliniar
reseros al despertar
tan solo se santiguaron.
¡Y solito me dejaron
ante el perrazo embruja’o!
Yo lo aguaité desmonta’o
y bajo la luna yena
lo esperé en forma serena
y el facón desenvaina’o.

Lo abarajé en el facón
pero de un cormiyazo
me vino a cortar el brazo
y le partí el corazón.
Se alzó con un sacudón
y se ganó ‘n‘el cardal.
Me dentró un tembladeral
al ver que no lo maté
y me dije: ahura sé
que ya tengo adentro el mal.

Por suerte cura encontré.
Una vieja culandrera
me sacó el Mal pa’juera
con la cicatriz quedé”.
Y sabrá el Señor con qué
el viejo se ha lastima’o
pero todos han queda’o
mirando la cicatriz.
¡Por dentro el viejo feliz
al haberlos asusta’o!

Versos de Alberto Zárate

CHINGOLO

Con seis años, inocente,
yorar a mares lo vieron
cuando sus padres murieron
en un fatal acidente.
Al no tener ni un pariente,
a una estancia lo yevaron
ande al pobre lo hacinaron
en un oscuro galpón;
tan solo un catre viejón
y unos trapos le tiraron.

Como perro abandonao
al pobre lo maltrataban,
y “Chingolo” lo apodaban
por su pelo apirinchao. (1)
Dende temprano, al mandao
del patrón o el mayordomo,
trabajaba con aplomo
y aunque siempre desengüelto,
lonjazo que andaba suelto
siempre le cáiba n’el lomo.

Sin conocer los halagos
de otros chicos de su edá,
jué triste su realidá
sin fiestas ni Reyes Magos.
Nunca conoció otros pagos
ni supo de festivales,
y pa’ colmo de sus males
sin enseñanza ni escuela,
su vida jué una secuela
de días tuitos iguales.

A los ponchazos creció
entre mensuales y piones,
alquiriendo condiciones
que con eyos aprendió.
Ya siendo mozo tomó
-ante su cruel situación-
la acertada decisión
de poner a tuito un broche.
Se hizo perdiz una noche
en el zaino del patrón.

Lo campiaron con esmero
por diferentes caminos
y hasta en los pagos vecinos,
sin hayar su paradero.
El tiempo que anda ligero
en su marcha jué avanzando;
noticias de cuando en cuando
del “Chingolo” se tenían,
solo chismes, que decían
de que andaba cuatreriando.

Golvía una noche oscura
aquel patrón inhumano,
cuando de pronto un paisano
se apareció en la negrura.
Se escuchó: ¡Aquí estoy basura!
y en menos de lo pensao,
solo con rebenque armao,
le dio tremenda lonjiada
que hoy dice la paisanada:
“El Chingolo … se ha vengao”.

(1      (1) Pirincho: mechón de pelo sobresaliente en la cabeza

Versos de Arnoldo Daniele

PAMPA Y SIERRA

Se despierta la alborada
tras de la sierra dormida,
la noche como aturdida
emprende su retirada;
despliega el sol su mirada
se alza en el cielo y bosteza,
y en la radiante belleza
de sierra, llanura y río,
en su radiante albedrío
el día se despereza.

Quema sus soles enero
sobre un paisaje dorado
y el sol la plana ha copado
calcinándolo al estero;
divide en dos el potrero
el camino silencioso,
el pajonal en reposo
parece esperar sin prisa,
que se levante la brisa
con  su soplo misterioso.

Luego el sol sin más alarde
duerme perpendicular
antes que entre a caminar
por la cuesta de la tarde;
el campo parece que arde
bajo un medallón de oro
dormido poro por poro;
y con un tranco cansino
se va parando el molino
con su traquetear sonoro.

Extiende su sombra el monte
y el sol en el alto cielo
va encaminando su vuelo
al perfil del horizonte;
llegan sombras en apronte
entre unas nubes barcinas,
y en las lejanas colinas
se asemejan a un dibujo
el encantador embrujo
de un vuelo de golondrinas.

La noche estiró su cruz
de plata en el negro velo,
sus linternas sobre el suelo
alzan los bichos de luz,
y como se abre un capuz
invade la noche bruna
un tenue rayo de luna
que va agrandando el reflejo
sobre del plateado espejo
que le ofrece la laguna.

Versos de Roberto G. Morete

domingo, 29 de enero de 2017

FIN DEL VIAJE

Escuché siendo muchacho
hombres de decir callado
decir: “¿Dónde hemos llegado,
después que fuimos quebracho?”.
Nos apuran para el tacho,
peleando con este oficio;
solo a mi pingo acaricio
andando de pago en pago,
uno se parece a un vago
que no tiene ni pa’vicios.

Le saca buen sacrificio
quien maneja la tijera,
peón de arreo o sementera
es lo mismo, yo malicio,
y arrancarle un beneficio
no es trabajo pa’ cualquiera.
Mirándolo desde afuera
si no prueba se confunde
y al más guapo se le funde
la vida  con la cansera.

Trabajando por monedas
voy pasando este momento,
reserear es un tormento
pero algún patacón queda.
Manejo mi propia veda
estirando hasta los vicios,
pasando hambre y sacrificio
el mal pago se soporta
y a mi familias le aporta
las miserias de este oficio.

Balancear esta porquera
con alguna diversión
suele ser la solución
pa’l que vive rancho afuera;
si cuadra alguna carrera
me arrimo por curiosear;
tan solo por palpitar
ya que jugar no me gusta,
mi plata siempre anda justa
más bien tirando a faltar.

Solo pensaba en llegar
¡estaba muy preocupado!,
mi familia había quedado
tan pobre como el lugar.
Ni dormí por madrugar,
cobré al fin en un paraje,
quería gritar: “¡Prienda traje
pa’alimentar los pichones,
en el cinto patacones
y pa’ vos, el fin del viaje!”.


Versos de Nicodemo Vicente Mazzone

MALÓN AL AZUL

1
En silencio va la tropa,
completamente desnuda
la indiada feroz, cerduda,
lleva la vincha por ropa;
solo el colihue se arropa
entre las cerdas bizarras,
que a seis dedos’e la moharra
el indio, con tiento crudo,
afianza con fuerte ñudo
como un puñado de garras.
2
Tendido en el costillar
del caballo de pelea,
el feroz bombero husmea
por donde se ha de empezar.
Cauteloso en el andar
-arrastrando va la chuza-
por los gramillales cruza
con el más mínimo ruido;
mientras se escucha el chistido
de la agorera lechuza.
3
Los laques, pétreos racimos,
con sabia y firme estatura,
del cobre de la cintura
sienten el cálido arrimo.
Único y terrible mimo
dado por el indio fuerte
pues la fatídica suerte
que designa a las potreras,
es el ser armas guerreras
para la caza y la muerte.
4
Furia de perras con cría
tienen las bolas de dos
y abren el incendio atroz
cuando las bolas perdidas
con las pajas encendidas
se prenden en las totoras.
Y aunque la noche a esa hora
es de luto y es de llanto,
es alumbrao el espanto
por las luz de cien auroras.
5
De pie la indiada lancea
y comienza la rapiña,
feroz empieza la riña
del gauchaje que jadea,
es desigual la pelea,
más si hay que hacerle cogote,
defenderse del azote
que representa el malón,
allí sangra un corazón
aquí se parte un gañote.
6
Allí está el padre del gaucho
con la res ensangrentada,
a sus pies la esposa amada
que ha caído en la refriega,
en la titánica brega
el facón hecho pedazos
se le ve abierto un brazo,
a manera de un Jesús
que muere sobre la cruz
hecho criba de chuzasos.
7
Desparraman recortaos
los trabucos naranjeros,
y ante los tiros certeros
cáin indios ensangretaos,
hay varones respaldaos
contra los quinchos y horcones
que peliando como liones
van perdiendo las achuras,
y cuajan de melladuras
el filo de los facones.
8
La Iglesia quedó saquiada,
dejaron santos desnudos,
que aquellos indios porrudos
no saben perdonar nada.
Allí entre la caballada,
frente a los mismos altares,
cáin bujías y pilares,
y sin temor a condena
roban la Virgen en pena
con anillos y collares.
9
Azul, quedó hecho cenizas,
mientras la indiada triunfante
retorna alegre, ululante,
sobre el pueblo hecho trizas.
Alegres caras cobrizas
con el flete a media rienda
cada cual lleva su prienda
que es premio del invasor,
cristiana que en el amor
gozará bajo su tienda.
10
Con colosal bamboleo
y amenazando tormentas,
chocaron las cornamentas
de aquel colosal arreo,
se escucha su clamoreo
que nace de las pujanzas
que el tesoro de pitanzas
que en fiero afán los empuja,
picanea y apretuja
la chusma y los media lanzas.
11
Alarido de mujeres,
terrible alarma de teros,
triste balar de terneros,
montañas de menesteres;
que al indio doran placeres
cuando en feroces orgías
se pasan días y días
descogotando sus ganas
ensangrentando catanas
con sus terribles porfías.
                               (Siglo 19)
Versos de Autor Desconocido

(Verso sin título tomado del libro “Cantos Tradicionales Argentinos” de Guillermo A. Terrera, publicado en 1961, donde explica: “Hago constar que este verso solo lo he escuchado de tres o cuatro ancianos, nunca jóvenes… interpretado con música cifra…”).


Por nuestra parte hemos unificado el lenguaje y revisado la puntuación. Así también, en las estrofas 8 y 11 hemos “creado” un verso para completar las estrofas que estaban con 9 líneas; y en la estrofa 5 corregimos la última rima que en la recopilación aparece repetida. Estas correcciones se muestran en letra “cursiva”.

domingo, 22 de enero de 2017

LA CHUZA

En un rincón recostada
del gacho rancho barroso
duerme el sueño silencioso
de pobre cosa olvidada…
alguna mano bronceada
la revoleó en la contienda
y en la envestida tremenda
de los tapes montoneros
hendió pechos y abrió cueros
para escribir su leyenda.

Sirvió de asta a la divisa
que enarbolara un denuedo
y con ella bajó al “ruedo”
de la temeraria lisa…
La madrugada indecisa
la vio pasar cimbradora
dejando atrás a la aurora
en una loca porfía,
por ganarle a cada día
la libertad de una hora.

Galopeó a los cuatro vientos
las cuchillas entrerrianas,
fiel al toque de las dianas
y sumisa a sus acentos
tiritó en largos y cruentos
ambulares silenciosos
en inviernos tempestuosos
plenos de lluvias y escarchas
y se caldeó con las marchas
de veranos bochornosos.

Como un dedo del destino
marcó un rumbo al montonero
y lo llevó al entrevero
con furor de torbellino…
entre el polvo del camino
disimuló sus fulgores
y en los siniestros albores
de la república incierta
brilló el centinela, alerta
de sus gauchos resplandores.

En la historia abrió su trazo
limpio, nítido, implacable,
como el rastro perdurable
del costurón de un hachazo
cimbrando en el férreo brazo
de un criollo guapo y curtido
que embestía enfurecido
como un jaguar sanguinario
defendió su abecedario
y lo salvó del olvido.

Cuando en Caseros cargó
tras ella fue la victoria
aunque lo calle la historia
que siempre la despreció
nadie su triunfo cantó
y silenciosa y modesta
tornó a su arisca floresta
siempre siguiendo al gauchaje
que en las lides del coraje
con ella anduvo de fiesta.

Apuntaló la cumbrera
ya carcomida de un rancho
hasta que algún zafarrancho
lo convirtiera en tapera
sirvió de arco en la carrera
de sortija más mentada
y hasta anduvo soliviada
en la mano de un boyero
cuando corrió el derrotero
de una carreta cansada.

Olvidada en un rincón
duerme en un sueño tendido
como duerme en el olvido
nuestra criolla tradición;
amalhayando el varón
que la venga a despertar,
no para hacerla cimbrar
en lanzazo furibundo
sino para darle al mundo
en un épico cantar.


Versos de Arturo Berrotaveña